La visión científica del perdón

Por: Yiuvany Aguilar

El perdón ocurre cuando una persona deja ir las emociones, pensamientos o comportamientos negativos sobre una transgresión o un transgresor, e intenta desarrollar una respuesta de bondad, generosidad o compasión. ¿Cómo se asocia el perdón o la falta de perdón con la salud física?

Mientras que el perdón es dejar ir lo negativo y adoptar los pensamientos y comportamientos positivos, la falta de perdón ha sido conceptualizada como una respuesta hacia un transgresor, que consiste en emociones negativas múltiples, que pueden incluir odio, enojo, temor, hostilidad y resentimiento.

El perdón y la falta de perdón se pueden referir a las respuestas a ofensas específicas, en lo que se conoce como estado de perdón o estado de no perdón, aunque es más común estudiar la tendencia a perdonar o a no perdonar, denominada rasgo de disposición al perdón o a la falta de perdón. Adicionalmente, el perdonar una ofensa específica puede ser condicional, la cual se caracteriza por requerir algo del transgresor hacia la víctima antes de otorgar el perdón –disculpa, acto de contrición, arrepentimiento, etc.- o no condicional, en la que no se exige nada al transgresor para que el perdón sea otorgado.

El acto de perdonar se ha asociado a la salud, por varias razones, siendo la más significativa el que el perdón promueve la salud tanto física como emocional al reducir el estrés. Por lo anterior, podría esperarse que la falta de perdón se asociada a una salud pobre, dado que causa estrés interpersonal, así como estrés adicional a través de emociones negativas asociadas, como hostilidad, enojo y rumia. La hostilidad se ha asociado con una miríada de indicadores de mala salud, incluyendo enfermedad cardiaca y mortalidad derivada. La falta de perdón, por si misma, contribuye a estados fisiológicos negativos en el corto plazo, como lo muestra la evidencia empírica.

La manera en la cual la falta de perdón funciona como un estresor, depende de las características de la falta de perdón. Las emociones de ausencia de perdón que son detonadas por las transgresiones interpersonales son muy posiblemente estresores intermitentes; si uno muestra repetidamente falta de perdón en respuesta a las transgresiones interpersonales, esto puede tener un efecto negativo acumulativo en la salud, aunque es poco factible que un individuo no demuestre perdón en cada oportunidad y las situaciones sociales que ocasionan el perdón o la falta de perdón no ocurren de manera continua. Por lo tanto, es poco probable que la falta de perdón pudiera causar estrés al nivel de cronicidad, pero si puede llevar a consecuencias significativas en la salud a largo plazo.

Sin embargo, si la falta de perdón se vuelve un patrón de pensamiento, como la rumia, puede generar constantemente una reactividad fisiológica con consecuencias negativas a la salud. La ausencia de perdón puede funcionar como un generador de estrés social en el contexto social, llevando a situaciones sociales que se vuelven estresantes crónicas.

El acto de perdonar puede reducir las emociones negativas y/o reducir los efectos negativos asociados con el estrés social de la falta de perdón. En el grado que lo logra, el perdón podría prevenir o aliviar las consecuencias negativas a la salud que se esperan con el estrés. Sin embargo, el perdonar no es la una manera de reducir la falta de perdón. La ausencia de perdón puede ser reducida al recibir una disculpa, experimentar compensación o justicia, distraerse de los pensamientos asociados a la transgresión, o aceptar que ésta ocurrió y seguir adelante, entre otras estrategias. Dado que la falta de perdón puede disminuirse por experiencias diferentes al perdón, es claro que la falta de perdón y el perdón no son opuestos, sino que son constructos conceptualmente distintos.

La hipótesis del reemplazo emocional del perdón sugiere que el perdón emocional ocurre cuando la falta de perdón y las emociones negativas asociadas con esta, son reemplazadas por emociones positivas y prosociales como empatía, compasión y amor. Así, no se esperaría que el perdón tuviera su único beneficio a través de reducir la falta de perdón. Tendría los beneficios adicionales asociados con las emociones positivas que reemplazan la falta de perdón. El afecto positivo, compuestos de muchas emociones positivas diferentes, ha sido asociado con un funcionamiento inmunitario y neuroendócrino benéfico, así como con la longevidad y el auto-reporte de buena salud general y menos visitas a los centros de salud.

Adicionalmente, el perdón es un acto prosocial que se cree facilita un mayor apoyo social por arriba y más allá de simplemente la ausencia de falta de perdón en un entorno social. Es conocido que el apoyo social tiene asociaciones con la buena salud.

Los efectos negativos a la salud de la falta de perdón han recibido mucha más atención que los efectos positivos a la salud del perdón. Esto puede reflejar diferencias en la cronología o fuerza de estos efectos o simplemente el enfoque histórico en las emociones negativas en las ciencias sociales. Sin embargo, en los últimos años los estudios han comenzado a demostrar que el perdón está asociado con un mejor estado de salud.

La salud física puede ser conceptualizada y medida en múltiples maneras. Mientras que los estudios tempranos se enfocaban en las asociaciones del perdón y el estado de salud general, medido por la auto-calificación de los individuos, otros investigadores han valorado las asociaciones entre el perdón y los marcadores sintomáticos de la salud física. A principios de la década de los 2000, muchos investigadores comenzaron a estudiar las asociaciones del perdón y los marcadores fisiológicos y biológicos de la salud y la enfermedad. Otros científicos se han enfocado en las asociaciones del perdón con los desenlaces de salud que incluyen la mortalidad y la enfermedad. Los resultados en su conjunto sugieren que el perdón está relacionado con una salud física positiva y la falta de perdón está relacionada con una salud pobre.

El perdón y la salud física auto-calificada.

Muchos estudios han asociado el perdón con la salud auto-calificada y con frecuencia esta es valorada con una medida sencilla en la que se pregunta a las personas sobre su estado general de salud. Aunque esta medida puede parecer cruda, la evidencia sugiere que está fuertemente asociada con mediciones objetivas del estado de salud.

Los estudios de asociaciones entre el perdón y la salud auto-calificada también han sido valorados con medidas más sofisticadas de auto-reportes de aspectos de salud física. Por ejemplo, utilizando mediciones como el funcionamiento físico, el dolor corporal, las limitaciones debidas a la salud física y la salud general. Aunque los resultados no han sido siempre consistentes, se ha encontrado que la tendencia a perdonarse a sí mismo, predice hasta casi un siete por ciento la medición de salud física percibida, empleando varios formatos como el Medical Outcomes Study Short Form o el SF-36 Health Survey.

Las asociaciones de la salud auto-calificada y el perdón pueden ser dependientes de la medida empleada de salud física. Las mediciones de un solo elemento son confiablemente asociadas con aspectos del perdón, mientras que las medidas más detalladas de los auto-reportes de aspectos de la salud física no están tan confiablemente asociados al perdón, pues aparentemente hay muchos elementos confundidores.

No obstante, las líneas de investigación más recientes parecen indicar que el perdón está asociado de manera consistente con una medida diferente de salud auto-reportada: los síntomas de la salud física, como se presenta a continuación.

El perdón y los síntomas de salud física.

Más allá de los auto-reportes de salud física, algunos investigadores han asociado el perdón con marcadores sintomáticos de salud física, que van desde una lista de síntomas hasta el uso de medicamentos. Muchos estudios han empleado múltiples marcadores sintomáticos, presentando la evidencia del conjunto más que del marcador.

En algunos estudios se ha encontrado que los auto-reportes de síntomas de enfermedad están negativamente correlacionados con el estado de perdón. Adicionalmente, han sugerido que el perdonar tiene un efecto indirecto en la salud al reducir el estrés percibido. Al entrevistar a un grupo de universitarios sobre una ocasión en la que estuvieron molestos con sus padres, se encontró que los individuos que describieron un evento en el que lucharon para perdonar, presentaban más síntomas físicos. Adicionalmente, los investigadores encontraron que el rasgo de perdón estaba relacionado a emplear menos medicamentos y menos bebidas alcohólicas o drogas recreativas. En contraste, el estado de perdón estuvo asociado significativamente con menos síntomas físicos, experimentados el mes anterior, algo que se ha confirmado en otros grupos poblacionales, tanto de adultos jóvenes como de adultos mayores.

La evidencia indica, aunque no de manera unánime, que existen enlaces robustos entre el estado de perdón y el rasgo del perdón de otros, así como el rasgo de perdón a uno mismo, y la salud física medida por los síntomas y comportamientos (uso de medicamentos) de enfermedad. El hecho de que no todos los estudios arrojan una relación igualmente sólida puede deberse a que algunos síntomas físicos representados en los instrumentos empleados estén más confiablemente asociados con el perdón y sean los responsables de las relaciones observadas. Nuevos estudios podrían confirmar esto.

El perdón y los síntomas somáticos.

Una buena parte de las investigaciones han valorado la relación entre el perdón y la salud mental, incluyendo asociaciones a síntomas somáticos de una salud mental pobre y depresión. Estos síntomas somáticos se encuentran en la intersección entre la salud mental y la salud física.

Los aspectos que miden los síntomas somáticos pueden incluir la fatiga y temas asociados al sueño, así como al mal apetito; estos síntomas también son medidas de la salud física.

Se ha encontrado que la tendencia a perdonar a otros está asociada con menor frecuencia de síntomas somáticos de depresión, incluyendo dificultad para dormir, comer mal, o poca energía (medidos por la escala Center for Epidemiologic Studies-Depression. Destaca que la creencia del perdón por Dios no está asociada de manera significativa con estos síntomas somáticos. El perdón condicional, que puede representar funcionalmente la falta de perdón, está asociado con más síntomas somáticos.

La evidencia muestra que el perdón está relacionado con marcadores sintomáticos de la salud física, incluyendo el uso de fármacos, los síntomas somáticos de depresión como la fatiga y el apetito, la calidad del sueño y una variedad de síntomas de una salud pobre en múltiples dominios. Puede hipotetizarse que estos síntomas son representativos de la enfermedad o derivan en la misma.

El perdón ha sido asociado a marcadores del funcionamiento neurológico, el funcionamiento cardiovascular, el funcionamiento endócrino y el funcionamiento inmunitario, como se aprecia en los siguientes apartados:

El perdón y el sistema nervioso central.

Dado que el resentimiento, la rumia y la preocupación representan fenómenos cognitivos, es factible que experimentarlos de manera crónica, como lo hace una persona que carece de perdón, influya en el funcionamiento cortical, como se ha mostrado con imágenes derivadas de resonancia magnética funcional y tomografía por emisión de positrones, en regiones cerebrales como la corteza prefrontal media, la unión tempo-parietal, la amígdala, el sulcus temporal superior y algunas otras.

Los hallazgos han revelado que el perdón está asociado con la activación de regiones cerebrales involucradas en la regulación de la emoción y el juicio moral. En el caso de transgresiones menores, se ha encontrado la activación de algunas regiones, pero no de otras.

En conjunto, los estudios que han examinado las respuestas corticales al perdón, han implicado varias regiones cerebrales, típicamente aquellas asociadas con la conciencia social, el procesamiento atento y la cognición social. Solamente un estudio ha mostrado la asociación entre el perdón y la respuesta de la amígdala, posiblemente por el diseño experimental. Las respuestas en la corteza al realizar juicios de perdón sobre perpetradores ficticios son diferentes de las respuestas asociadas con escenas de perdón personalmente relevantes. Es notorio que ningún estudio que examine la activación cortical asociada con el perdón, hubiese medido respuestas fisiológicas que ocurrieran fuera del sistema nervioso central.

El perdón y el sistema nervioso periférico.

Más de un siglo de datos científicos muestran que la experiencia de la emoción influye en otros órganos, además del cerebro, presumiblemente a través de sistemas nerviosos autónomo y somático. Está bien establecido que la exposición al estrés incrementa el ritmo cardiaco y la tensión arterial, las pupilas se dilatan y hay sudoración en palmas y plantas. Las alteraciones en la actividad del sistema nervioso somático ocurren también en respuesta al estrés, evidenciado por un incremento en la tensión muscular y la tasa respiratoria. Si el perdón posee efectos fisiológicos benéficos, uno podría esperar que estuviera asociado a respuestas atenuadas de estos sistemas, y la evidencia empírica parece demostrar que este es el caso, con estudios detallados que involucran la exposición a escenas imaginarias de perdón, la exposición a un recuerdo de traición, exposición a un recuerdo de enojo y otros estresores cognitivos.

Pocos estudios han examinado las relaciones entre el perdón y los parámetros fisiológicos durante periodos de reposo. Destacan hallazgos mixtos, como que el perdón a uno mismo está asociado con una menor tensión arterial diastólica en reposo, mientras que el perdón a otros está asociado con una mayor tensión arterial sistólica en reposo. Por supuesto, el perdón a uno mismo y el perdón a otros son experiencias diferentes, pues el primero se enfoca en sobreponerse a la auto-condenación y culpa, mientras que el segundo se refiere a sobreponerse al daño y la traición.

El perdón y el sistema endócrino.

De forma paralela al sistema nervioso periférico, se observan numerosos efectos hormonales cuando los organismos son expuestos al estrés, incluyendo un incremento en el cortisol y en varios factores hormonales liberados a la circulación. Se ha hipotetizado que el perdón está asociado con menores niveles de cortisol.

Varios investigadores han explorado la asociación entre el perdón y las respuestas neuroendócrinas al estrés. Estudios tempranos mostraron que las reacciones del cortisol a imágenes sobre una relación actual son más bajos entre los individuos con un elevado rasgo de perdón, y otros estudios han informado que el estado de perdón está asociado con menores niveles de cortisol durante la rumia de un evento de traición. Cabe mencionar, que no todos los reportes muestran los mismos hallazgos.

Algunos estudios han examinado la relación entre la disposición a perdonar y los estados neuroendócrinos en reposo, y en la mayoría de estos, no se ha observado una relación entre el rasgo de perdón y los niveles de cortisol u oxitocina, con una sola excepción.

Existe evidencia de que la reactividad del cortisol es más baja entre los individuos que perdonan y más alta entre aquellos que rumian sobre las transgresiones.

El perdón y el sistema inmunitario.

Dado que los organismos responden a una amenaza preparando sus cuerpos para resistir las invasiones por virus y bacterias, el funcionamiento del sistema inmunitario también es influenciado por el estrés. En particular, citocinas específicas (como la interleucina 6) y otros parámetros del sistema inmunitario (como la actividad de las células asesinas naturales o NK), se incrementan durante los episodios de estrés agudo, pero se vuelven menos sensibles durante el estrés crónico.

No muchos estudios han examinado la relación entre el perdón y el funcionamiento del sistema inmunitario; analizando la sangre de adultos en reposo, se ha reportado que un mayor grado de perdón está correlacionado con unos pocos marcadores de mejoría en el sistema inmunitario, pero no se ha observado una relación del perdón con otras mediciones del funcionamiento leucocitario, como las NK. Parece ser que hay un incremento significativo en el porcentaje de células CD4+ entre los individuos con VIH/SIDA que han adoptado un mayor grado de perdón. Sin emabrgo, hacen falta más estudios empíricos en esta área.

Aunque variados métodos experimentales se han diseñado para medir los efectos fisiológicos del perdón, solamente algunos pocos han seguido de manera prospectiva a individuos que han decidido perdonar a otra persona. Dada el tiempo que toma usualmente el proceso del perdón, esto es entendible. Aunque los estudios de intervención se diseñen para examinar los mecanismos fisiológicos del cambio terapéutico, si el perdón está asociado con una reducción en las respuestas al estrés, esperaríamos observar respuestas fisiológicas al estrés atenuadas entre los participantes, a medida que entran en el proceso de perdón, especialmente aquellos que reportan perdonar completamente al ofensor.

Se ha encontrado que el cortisol se reduce entre los participantes del tratamiento, durante el post-tratamiento, en contraste con los controles, así como una tendencia hacia una mejora en el funcionamiento glucocorticoide entre los participantes del grupo en tratamiento. Nuevamente, otros grupos de investigadores no han registrado cambios en estos marcadores o en parámetros cardiovasculares, en reposo y sin estímulos asociados a una traición, lo que podría explicar el contraste de resultados.

La falta de perdón y la salud física.

Para comprender mejor las asociaciones del perdón y la salud física, algunos investigadores han estudiado la relación entre el perdón y los desenlaces de salud que son de más largo plazo que los marcadores funcionales, basándose en la teoría de que los efectos del estrés, y, por tanto, el estrés de la falta de perdón, puede tomar varios años para acumularse, y manifestándose como enfermedades crónicas que pueden conducir a la muerte.

Dentro de los hallazgos, se ha encontrado que la tendencia a no perdonar a otros está asociada negativamente con la salud auto-calificada; nuevamente, no todos los estudios coinciden en esto.

En la búsqueda de asociaciones de la falta de perdón y la salud a largo plazo, algunos estudios se han enfocado en la salud cardiovascular, encontrando que una tendencia a experimentar falta de perdón está asociada a incidentes cardiovasculares, incluyendo ateroesclerosis, hipertensión, angina de pecho, taquicardia e infartos, en el año previo. Específicamente, aquellos que reportaron que hay muchas personas a las que no pueden perdonar y que les toma un largo tiempo perdonar, tuvieron 2.12 veces más reportes de incidentes cardiovasculares, cuando se comparan con quienes no tienen problema para perdonar. De manera similar, aquellos que reportan solamente que hay muchas personas a las que no pueden perdonar, y aquellas que reportan solamente que les toma mucho tiempo perdonar tienen 1.94 veces y 1.51 veces, respectivamente, reportes de incidentes cardiovasculares, cuando se les compara con quienes no tienen problema para perdonar.

La otra línea de investigación importante se ha centrado en las asociaciones entre el perdón y la mortalidad, basándose en la hipótesis de que el perdón tiene efectos acumulativos en la salud y por tanto podría estar asociado con condiciones crónicas y. finalmente, con la mortalidad. Un estudio, que valoró siete tipos de perdón (falta de perdón a otros, perdón condicional e incondicional a otros, sentirse perdonado por otros, perdón de uno mismo y la creencia en el perdón condicional e incondicional por Dios), encontró que el perdón condicional a otros y la creencia en el perdón incondicional por Dios predicen un mayor riesgo de mortalidad en un periodo de 12 meses. Los análisis de los resultados sugieren que esta asociación está mediada por el estado de salud física, aunque no por las variables psicológicas como el afecto depresivo, los síntomas somáticos depresivos, la satisfacción en la vida o el control percibido, no por la religiosidad organizacional, el fumar actualmente o el beber alcohol.

Se cree que el perdón condicional está asociada a una salud pobre porque al requerir actos por otra persona constriñe las instancias de perdón en las experiencias individuales. Esto puede reflejar el enlace observado entre la falta de perdón y la mala salud.

Además del estado de perdón y el rasgo de perdón, otros aspectos del perdón parecen estar asociados de manera importante con la salud física. Las investigaciones sugieren que tanto la tendencia a perdonar a otros como la tendencia a perdonarse, están asociadas a la salud física, medida por auto-calificación y síntomas somáticos de enfermedad. La tendencia a perdonar a otros puede estar relacionada a la salud porque contribuye a relaciones sociales menos estresantes y promueve el apoyo social, mientras que la tendencia a perdonar a sí mismo puede asociarse a la salud porque reduce el estrés de rumia, culpa o vergüenza.

A pesar de la variedad de hallazgos, la investigación actual en asociaciones del perdón con la salud es limitada. Los fundamentos teóricos de la investigación en el perdón, la falta de perdón, y la salud, deben ser reforzados a fin de generar estudios de calidad. Las conceptualizaciones de la falta de perdón como un estresor deben ser clarificadas y probadas. La función del perdón como una estrategia para reducir el estrés de la falta de perdón deben ser probadas de manera explícita, junto con la posibilidad de que el perdón tenga beneficios a la salud, más allá de la disminución del estrés de la falta de perdón.

Queda mucho trabajo por hacer para elucidar la manera en que el perdón altera la respuesta fisiológica. Es poco claro, por ejemplo, por qué hallazgos significativos se observan en un parámetro fisiológico en un estudio, pero no en otro. Aún en estudios conducidos en los mismos laboratorios, los patrones de los hallazgos difieren entre estudios empleando metodologías equivalentes. Parece ser que los hallazgos significativos son más consistentemente observados cuando los estímulos presentados corresponden a una transgresión interpersonal.

Es factible que las respuestas emocionales y sus respuestas fisiológicas asociadas, dependan de la relevancia personal del estímulo experimental. Es también claro que una preponderancia de estudios que examinen la fisiología del perdón se ha centrado en los estudiantes universitarios, y es de esperarse que, aunque parte de los hallazgos pueden ser duplicados en otros grupos poblacionales, no siempre es así, por lo que son indispensables estudios adicionales en adultos sanos y con algunas condiciones que afecten su salud, tanto de manera aguda como crónica. Es muy importante recordar que los hallazgos de un estudio no se pueden ni deben generalizar.

Dados los avances que ocurren en las tecnologías experimentales, será importante explorar la manera en que el sistema nerviosos central y periférico, en conjunto con el sistema neuroendócrino, funcionan de manera concurrente en respuesta a la transgresión y al perdón. Estas preguntas y muchas otras podrán resolverse en los próximos años.

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Lecturas recomendas.

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Toussaint, Loren L., Jon R. Webb, and Jameson K. Hirsch. \»Self-forgiveness and health: A stress-and-coping model.\» Handbook of the psychology of self-forgiveness. Springer, Cham, 2017. 87-99. https://enfermeroslideres.files.wordpress.com/2017/10/handbook-of-the-psychology-of-self-forgiveness-springer-2017.pdf

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